lunes, 19 de mayo de 2014

#RiverVolvioaSerRiver


Cuando el Monumental de Nuñez apagó sus luces, no fue precisamente el momento para que el manojo de llaves comenzara a realizar su tarea, sino que se encendieron otras luces, las de aquellas almas que necesitaban y se merecían volver a tener una alegría. 


Y así fue como el plantel de este año 2014 de River, exaltado por toda la ansiedad, alegría y pasión contenida, comenzó a girar frente a su gente, entregándoles de manera simbólica aquel logro tan esperado después de 6 años. Ese momento se inmortalizó y permitió marcar en el plano de las estadísticas, el torneo número 35 para "el millonario".
El partido estuvo acorde a lo que todos esperaban, River llegaba puntero a la última fecha del torneo, con dos puntos de ventaja sobre Estudiantes. La cuestión era obtener un triunfo.
Todo se fue dando. El gol tempranero de Fernando Cavenaghi, resonó en Victoria donde el "pincha rata" estaba enfrentando a Tigre. Y más tarde el cabezazo de Mercado, allanaban el camino y marcaban  que Quilmes no reaccionaba y no podía cortar los avances de River.

En la segunda etapa, el equipo comenzó a mostrar esa tenencia de balón que tuvo en este semestre pero de a ráfagas, ayer ante su gente que ya coreaba el "dale campeón" supo mantenerla en casi todos los 45 minutos finales.
En una jugada de ataque, Lanzini no pudo capturar un pase, que si le quedó al lobo Ledesma, y desde una distancia de casi 32 metros, realizó un disparo que se ubicó en el ángulo izquierdo y le puso el cello a este River campeón. Fue otro momento inmortal. Para este referente del plantel, será una imagen imborrable porque no solo se estaba consagrando sino que convertía su primer gol con la camiseta que ama.
El partido siguió siendo del local y de su gente. Cavenaghi volvió a aparecer tras una gran jugada de Teo Gutierrez que dejó a tres en el camino y habilito al Cave para que este la mande al fondo de la red y quede no solo como el máximo goleador del equipo en este torneo sino que llegó a las 99 anotaciones con la casaca de la banda.
El colombiano Teo, tuvo su premio también y muy cerca del final, decretó el 5 a 0.

 El pitido final derramo lágrimas  por doquier. Rompió gargantas al unísono. Llenó el cielo de colores rojos y blancos. Y dejó en claro que esta es la manera de demostrar cómo alguien puede crecer, resurgir desde lo más bajo, desde ese fondo que se tocó y del que hay que tener cómo ejemplo para realizar las cosas con responsabilidad y no volver a cometer los mismos errores.
Esta alegría quedó impresa en el gran festejo y en toda la locura desatada alrededor del país.

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