Cuando el Monumental de Nuñez
apagó sus luces, no fue precisamente el momento para que el manojo de llaves
comenzara a realizar su tarea, sino que se encendieron otras luces, las de
aquellas almas que necesitaban y se merecían volver a tener una alegría.
Y así fue como el plantel de este
año 2014 de River, exaltado por toda la ansiedad, alegría y pasión contenida,
comenzó a girar frente a su gente, entregándoles de manera simbólica aquel
logro tan esperado después de 6 años. Ese momento se inmortalizó y permitió
marcar en el plano de las estadísticas, el torneo número 35 para "el
millonario".
El partido estuvo acorde a lo
que todos esperaban, River llegaba puntero a la última fecha del torneo, con
dos puntos de ventaja sobre Estudiantes. La cuestión era obtener un triunfo.
Todo se fue dando. El gol
tempranero de Fernando Cavenaghi, resonó en Victoria donde el "pincha rata"
estaba enfrentando a Tigre. Y más tarde el cabezazo de Mercado, allanaban el camino y marcaban que Quilmes no reaccionaba y no podía cortar los avances de
River.
En la segunda etapa, el equipo
comenzó a mostrar esa tenencia de balón que tuvo en este semestre pero de a
ráfagas, ayer ante su gente que ya coreaba el "dale campeón" supo
mantenerla en casi todos los 45 minutos finales.
En una jugada de ataque, Lanzini
no pudo capturar un pase, que si le quedó al lobo Ledesma, y desde una
distancia de casi 32 metros, realizó un disparo que se ubicó en el ángulo
izquierdo y le puso el cello a este River campeón. Fue otro momento inmortal.
Para este referente del plantel, será una imagen imborrable porque no solo se
estaba consagrando sino que convertía su primer gol con la camiseta que ama.
El partido siguió siendo del
local y de su gente. Cavenaghi volvió a aparecer tras una gran jugada de Teo
Gutierrez que dejó a tres en el camino y habilito al Cave para que este la
mande al fondo de la red y quede no solo como el máximo goleador del equipo en
este torneo sino que llegó a las 99 anotaciones con la casaca de la banda.
El colombiano Teo, tuvo su premio
también y muy cerca del final, decretó el 5 a 0.
El pitido final derramo lágrimas por
doquier. Rompió gargantas al unísono. Llenó el cielo de colores rojos y
blancos. Y dejó en claro que esta es la manera de demostrar cómo alguien puede
crecer, resurgir desde lo más bajo, desde ese fondo que se tocó y del que hay
que tener cómo ejemplo para realizar las cosas con responsabilidad y no volver
a cometer los mismos errores.
Esta alegría quedó impresa en el gran festejo y en toda la locura desatada alrededor del país.
Esta alegría quedó impresa en el gran festejo y en toda la locura desatada alrededor del país.
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